Pedro Martínez Pacheco
Cementerio
de automóviles es una pieza teatral de Fernando Arrabal. Escrita en
1957, la obra trata sobre una sociedad que vive entre los restos metálicos de
autos y supervisados por la policía. En este mundo suceden los dramas
psicológicos de los personajes, de los que destacan Dila y Emmanu. Dila vive de
forma contradictoria entre ser complaciente y sumisa, tanto como con los
inquilinos de algunos automóviles como
con los otros personajes. Emmanu es un rebelde que toca la trompeta para los
pobres, lo cual está prohibido por la autoridad, al final, Emannu es
sacrificado. La historia es una clara analogía al mito bíblico de la pasión de
Jesús.
El mundo es un
deshuesadero, no hay nada más allá o no es relevante. Se trata de una
mimesis de conceptos preexistentes, y arquetipos que poseen un espectro
cultural considerable. La representación del mundo en esta obra es la
reubicación y la analogía de otros mundos, donde destacan, el psicológico y el
bíblico. El mito y la tradición cristiana de la crucifixión son transportados a
un mundo decadente, actual o postrimero.
El mundo de esta
obra es un mundo asimilado, los actantes viven y se rigen bajo las normas de
este que es el cementerio de autos. El
centro está en las acciones, pues es este el mundo del comportamiento más que
el de las cosas, aquí se discrimina todo lo demás, incluso los autos mismos no
son mencionados, así como pocas cosas son enunciadas por su nombre.
El escenario es
solo para el espectador, es decir, que solo aparece en las didascalias. Es por
la misma naturaleza de las didascalias en el texto teatral que se concibe la
interpretacion del lector y la del espectador. Pensemos en este trabajo en la
interpretación del segundo más que el primero. Entonces el texto se polariza
más aún, el personaje no reconoce al mundo en el dialogo, o en su defecto lo
discrimina.
Lo anterior nos
lleva a hacer una división conceptual, en la cual intervienen dos aspectos
importantes: el material y el corporéo (los personajes en la obra). El primero
trata de lo significativo en el escenario de la obra, el cementerio y los
automóviles por principio. El segundo trata del individuo, de la experiencia
humana de los personajes a partir de sus acciones y lo que representan para el
espectador. Por ello podemos discernir entre dos rutas, las del mundo, sus
cosas y sus funciones; así como la de los personajes, sus relaciones y las
representaciones de mundo que ello nos deja como testigos de la obra.
Para el primer
punto tenemos que aclarar que para entenderse los conceptos de cosas y las funciones que conllevan, no se puede
prescindir de un sujeto que denomine y conceptualice dichas cosas y funciones.
Esto resulta ser muy simple si pensamos que el autor realiza este efecto de
extrañamiento y discriminación entre el personaje y su mundo como una
estrategia estética, lo que quiere decir que los sujetos que denominarán y
conceptualizarán este mundo serán los espectadores. Esto va de la mano con la
intencionalidad del autor de transmitir
un mensaje por medio de signos materiales.
Tenemos pues el
escenario que es un deshuesadero. Hay aquí una serie de autos que están
numerados y otros poseen una letra. Es una especie similitud con el sistema
Hotel/Asilo donde habitan los inquilinos y los que lo administran. Estamos
entonces ante lo que Petöfi (1984) discierne como estados de cosas que
podrían ser estados de cosas en la realidad, así como estados de
cosas que no podrían serlo en la realidad.
Estos estados
de cosas posibles o no posibles, nos sitúan en el plano del mundo de
referencia. Esto representa una problemática más o menos extensa. Ya desde el
plano individual cada ser humano posee un mundo de referencia, un
discernimiento entre redes de conceptos y una discriminación de signos para
entender el mundo. Sin embargo existen ejes temáticos o lo que Lakoff (1987)
relaciona como modelos idealizados, es decir, significados o asociaciones más o
menos reguladas y creadas en colectivo.
Por lo anterior,
podríamos decir, que puede existir un mundo de referencia en colectivo.
sin embargo el entendimiento también recae en la concepción individual del
espectador, es decir, los conceptos que este utiliza para entender tanto el
propio mundo de referencia como el mundo posible de la obra de
Fernando Arrabal. Lo anterior representa un movimiento interesante de
representaciones, porque nos damos cuenta que existen múltiples factores que
intervienen en un solo hecho. Por ahora, solo podemos indagar un poco en las
funciones que los espectadores pueden realizar (o lo que se espera que realicen
en colectivo) al ver la obra.
De modo que es
posible para el espectador suponer que haya personas que vivan en un
deshuesadero, pensemos en el administrador o dueño del deshuesadero, en un velador o en gente que por necesidad o por
circunstancias diversas, quizá fuera de
lo común, se vean en la situación de vivir de esa manera. Lo anterior representa
estados de las cosas que pueden ser posibles en el mundo real. Las que
no pueden ser estados de cosas -o no es probable que lo sean- en el
mundo real, se representan en el tratamiento conceptual que se le da a este
grupo de autos, en similitud o analogía con lo que se hace en un Hotel/Asilo o
cualquier sistema de este tipo.
Esta interacción
entre la analogía del sistema que representa un Hotel/Asilo y los autos, provee
un “mundo posible que posee su propio
estatus ontológico, como el mundo real, el cual es uno más de ellos” (Heydrich,
1984). Dicho estatus ontológico del mundo posible tiene sus cualidades
independientes pero utiliza los sistemas
en referencia analógica al mundo de referencia. Dicho con otros
conceptos, esta relación entre los mundos proviene de una relación de reflejo
entre ambos.
Por otro lado, ya
que nunca se menciona la palabra deshuesadero o la palabra cementerio, ni
siquiera en el dialogo se hace una pequeña referencia al titulo de la obra,
como habíamos mencionado, no se enuncian las circunstancias de las cosas. La
deixis espacial como la entiende Levinson (1983) no existe en el dialogo, es
decir, que no hay especificación de las situaciones relativas a los puntos de
anclaje en el evento de habla.
Lo anterior se
basa en el hecho de que en el dialogo se establecen relaciones ambiguas entre
los personajes y su mundo. Este hecho nos da una pista sobre la asimilación que
se debe de hacer sobre la representación del mundo en esta obra: El mundo es
así y no hay nada que cuestionarse.
Los personajes
poseen una carga de significado muy fuerte, pero elíptica, por medio de lo
recurrente del intertexto bíblico. Emanu es la figura de Jesucristo, con el
cual posee similitudes actanciales, reproduce sardinas y panes para alimentar a
una multitud, es buscado por ayudar a los pobres, y al final es crucificado.
Todo esto resulta en un reflejo abstracto y surrealista entre el personaje del mundo
referido y el del mundo posible de la obra.
Ocurre aquí
entonces, una inter-identificación. El primer cuestionamiento es entre la
figura misma de Jesucristo y su verosimilitud como personaje histórico, y la
segunda es entre el Emanu y Jesucristo como personajes que se
inter-identifican. El primer problema no aporta cuestionamientos significativos
dado que la trama no intenta demostrar su existencia o descartarla, sino que la
reconstruye en acción. Por lo tanto, el problema principal es la identificación
del personaje de el mundo de referencia y el Emanu, del mundo
referido, dado que se hace un uso premeditado de los conceptos del
mito/tradición judeocristiana.
Al final de la
obra, en el hecho de la crucificción se conjuntan de manera formidable el mundo
y el personaje. Emanu es crucificado en una bicicleta. Lo que no se contrapone
de manera alguna al concepto de auto, si no que funcionan ambos dentro de este
sistema de mundo posible como signos presentados por la acción misma
para construir, por una serie de recombinaciones, la paradoja auto/bicicleta,
que representa muchas otras cosas, por
ejemplo: estratificación social, estatismo de los sistemas sociales,
multiplicidad de planos morales, etc.
Ambos conceptos se
encuentran en este mundo posible que es el del titulo El cementerio
de automóviles en el cual dichos automóviles no pueden moverse, no cumplen
la función que les está destinada en el mundo de referencia. La
bicicleta en cambio se mueve, es funcional, y representa la cruz en la
tradición/mito judeocristiano, misma que sirve como un castigo ejemplar y
representa la muerte (y muchas otras cosas) en las diferentes acepciones que
los espectadores tienen en del mundo de referencia.
Bibliografía:
Arrabal, Fernando.
(1959). Cementerio de automóviles. En Monreal Torres (Ed) Fernando Arrabal:
Teatro completo I (pp. 327-374). Melilla: Espasa.
Heydrich, W.
(1982). Gegenstand und Sachverhalt. Hamburgo: Buske.
Lakoff. (1987). Women, Fire and Dangerous Things. What Categories Reveal
about the Mind. Chicago:
University of Chicago Press.
Levinson, S. C. (1983): Pragmática. Barcelona: Teide. 1989.
Petöfi, J.S. (1989). Constitution and Meaning: A semiotic Text-Theoretical
Approach. En M.E. Conte, J.S.Petöfi y E. Sözer (eds.) Text and
Discourse Connectedness (pp. 507-542). Amsterdam-Philadelphia: John
Benjamins Pubishing Co.