viernes, 2 de mayo de 2014

Representaciónes del mundo en Cementerio de automóviles, y el mundo que desprenden sus personajes.




 Pedro Martínez Pacheco




Cementerio de automóviles es una pieza teatral de Fernando Arrabal. Escrita en 1957, la obra trata sobre una sociedad que vive entre los restos metálicos de autos y supervisados por la policía. En este mundo suceden los dramas psicológicos de los personajes, de los que destacan Dila y Emmanu. Dila vive de forma contradictoria entre ser complaciente y sumisa, tanto como con los inquilinos de  algunos automóviles como con los otros personajes. Emmanu es un rebelde que toca la trompeta para los pobres, lo cual está prohibido por la autoridad, al final, Emannu es sacrificado. La historia es una clara analogía al mito bíblico de la pasión de Jesús.

El mundo es un deshuesadero, no hay nada más allá o no es relevante. Se trata de una mimesis de conceptos preexistentes, y arquetipos que poseen un espectro cultural considerable. La representación del mundo en esta obra es la reubicación y la analogía de otros mundos, donde destacan, el psicológico y el bíblico. El mito y la tradición cristiana de la crucifixión son transportados a un mundo decadente, actual o postrimero.

El mundo de esta obra es un mundo asimilado, los actantes viven y se rigen bajo las normas de este  que es el cementerio de autos. El centro está en las acciones, pues es este el mundo del comportamiento más que el de las cosas, aquí se discrimina todo lo demás, incluso los autos mismos no son mencionados, así como pocas cosas son enunciadas por su nombre.

El escenario es solo para el espectador, es decir, que solo aparece en las didascalias. Es por la misma naturaleza de las didascalias en el texto teatral que se concibe la interpretacion del lector y la del espectador. Pensemos en este trabajo en la interpretación del segundo más que el primero. Entonces el texto se polariza más aún, el personaje no reconoce al mundo en el dialogo, o en su defecto lo discrimina.

Lo anterior nos lleva a hacer una división conceptual, en la cual intervienen dos aspectos importantes: el material y el corporéo (los personajes en la obra). El primero trata de lo significativo en el escenario de la obra, el cementerio y los automóviles por principio. El segundo trata del individuo, de la experiencia humana de los personajes a partir de sus acciones y lo que representan para el espectador. Por ello podemos discernir entre dos rutas, las del mundo, sus cosas y sus funciones; así como la de los personajes, sus relaciones y las representaciones de mundo que ello nos deja como testigos de la obra.

Para el primer punto tenemos que aclarar que para entenderse los conceptos de cosas y las  funciones que conllevan, no se puede prescindir de un sujeto que denomine y conceptualice dichas cosas y funciones. Esto resulta ser muy simple si pensamos que el autor realiza este efecto de extrañamiento y discriminación entre el personaje y su mundo como una estrategia estética, lo que quiere decir que los sujetos que denominarán y conceptualizarán este mundo serán los espectadores. Esto va de la mano con la intencionalidad del autor de transmitir  un mensaje por medio de signos materiales.

Tenemos pues el escenario que es un deshuesadero. Hay aquí una serie de autos que están numerados y otros poseen una letra. Es una especie similitud con el sistema Hotel/Asilo donde habitan los inquilinos y los que lo administran. Estamos entonces ante lo que Petöfi (1984) discierne como estados de cosas que podrían ser estados de cosas en la realidad, así como estados de cosas que no podrían serlo en la realidad.

Estos estados de cosas posibles o no posibles, nos sitúan en el plano del mundo de referencia. Esto representa una problemática más o menos extensa. Ya desde el plano individual cada ser humano posee un mundo de referencia, un discernimiento entre redes de conceptos y una discriminación de signos para entender el mundo. Sin embargo existen ejes temáticos o lo que Lakoff (1987) relaciona como modelos idealizados, es decir, significados o asociaciones más o menos reguladas y  creadas en colectivo.

Por lo anterior, podríamos decir, que puede existir un mundo de referencia en colectivo. sin embargo el entendimiento también recae en la concepción individual del espectador, es decir, los conceptos que este utiliza para entender tanto el propio mundo de referencia como el mundo posible de la obra de Fernando Arrabal. Lo anterior representa un movimiento interesante de representaciones, porque nos damos cuenta que existen múltiples factores que intervienen en un solo hecho. Por ahora, solo podemos indagar un poco en las funciones que los espectadores pueden realizar (o lo que se espera que realicen en colectivo) al ver la obra.

De modo que es posible para el espectador suponer que haya personas que vivan en un deshuesadero, pensemos en el administrador o dueño del deshuesadero, en un  velador o en gente que por necesidad o por circunstancias diversas,  quizá fuera de lo común, se vean en la situación de vivir de esa manera. Lo anterior representa estados de las cosas que pueden ser posibles en el mundo real. Las que no pueden ser estados de cosas -o no es probable que lo sean- en el mundo real, se representan en el tratamiento conceptual que se le da a este grupo de autos, en similitud o analogía con lo que se hace en un Hotel/Asilo o cualquier sistema de este tipo.

Esta interacción entre la analogía del sistema que representa un Hotel/Asilo y los autos, provee un  “mundo posible que posee su propio estatus ontológico, como el mundo real, el cual es uno más de ellos” (Heydrich, 1984). Dicho estatus ontológico del mundo posible tiene sus cualidades independientes pero utiliza  los sistemas en referencia analógica al mundo de referencia. Dicho con otros conceptos, esta relación entre los mundos proviene de una relación de reflejo entre ambos.

Por otro lado, ya que nunca se menciona la palabra deshuesadero o la palabra cementerio, ni siquiera en el dialogo se hace una pequeña referencia al titulo de la obra, como habíamos mencionado, no se enuncian las circunstancias de las cosas. La deixis espacial como la entiende Levinson (1983) no existe en el dialogo, es decir, que no hay especificación de las situaciones relativas a los puntos de anclaje en el evento de habla.

Lo anterior se basa en el hecho de que en el dialogo se establecen relaciones ambiguas entre los personajes y su mundo. Este hecho nos da una pista sobre la asimilación que se debe de hacer sobre la representación del mundo en esta obra: El mundo es así y no hay nada que cuestionarse.

Los personajes poseen una carga de significado muy fuerte, pero elíptica, por medio de lo recurrente del intertexto bíblico. Emanu es la figura de Jesucristo, con el cual posee similitudes actanciales, reproduce sardinas y panes para alimentar a una multitud, es buscado por ayudar a los pobres, y al final es crucificado. Todo esto resulta en un reflejo abstracto y surrealista entre el personaje del mundo referido y el del mundo posible de la obra.

Ocurre aquí entonces, una inter-identificación. El primer cuestionamiento es entre la figura misma de Jesucristo y su verosimilitud como personaje histórico, y la segunda es entre el Emanu y Jesucristo como personajes que se inter-identifican. El primer problema no aporta cuestionamientos significativos dado que la trama no intenta demostrar su existencia o descartarla, sino que la reconstruye en acción. Por lo tanto, el problema principal es la identificación del personaje de el mundo de referencia y el Emanu, del mundo referido, dado que se hace un uso premeditado de los conceptos del mito/tradición judeocristiana.

Al final de la obra, en el hecho de la crucificción se conjuntan de manera formidable el mundo y el personaje. Emanu es crucificado en una bicicleta. Lo que no se contrapone de manera alguna al concepto de auto, si no que funcionan ambos dentro de este sistema de mundo posible como signos presentados por la acción misma para construir, por una serie de recombinaciones, la paradoja auto/bicicleta, que representa  muchas otras cosas, por ejemplo: estratificación social, estatismo de los sistemas sociales, multiplicidad de planos morales, etc.

Ambos conceptos se encuentran en este mundo posible que es el del titulo El cementerio de automóviles en el cual dichos automóviles no pueden moverse, no cumplen la función que les está destinada en el mundo de referencia. La bicicleta en cambio se mueve, es funcional, y representa la cruz en la tradición/mito judeocristiano, misma que sirve como un castigo ejemplar y representa la muerte (y muchas otras cosas) en las diferentes acepciones que los espectadores tienen en del mundo de referencia.




Bibliografía:

Arrabal, Fernando. (1959). Cementerio de automóviles. En Monreal Torres (Ed) Fernando Arrabal: Teatro completo I (pp. 327-374). Melilla: Espasa.

Heydrich, W. (1982). Gegenstand und Sachverhalt. Hamburgo: Buske.

Lakoff. (1987). Women, Fire and Dangerous Things. What Categories Reveal about the Mind. Chicago: University of Chicago Press.

Levinson, S. C. (1983): Pragmática. Barcelona: Teide. 1989.


Petöfi, J.S. (1989). Constitution and Meaning: A semiotic Text-Theoretical Approach. En M.E. Conte, J.S.Petöfi y E. Sözer (eds.) Text and Discourse Connectedness (pp. 507-542). Amsterdam-Philadelphia: John Benjamins Pubishing Co.