sábado, 8 de marzo de 2014

Una reflexión de Pedro



Reflexión

Pedro Alejandro Martínez Pacheco



La literatura, como otros fenómenos donde somos vertidos de algún modo nosotros mismos, constituye una gran cantidad de proposiciones de realidades diversas, de mundos posibles y sus significados. Se apela a la experiencia de nuestro cuerpo, a las mezclas -como se ha mencionado antes-.  En específico a las mezclas que surgen de nuestra capacidad de tomar relaciones aparentemente imposibles y amalgamarlas, para entenderlas contra todo pronóstico. Ahí es donde se borran también las fronteras.

Dicho de una manera más clara, nos vertimos en un texto porque este es una proyección de nuestra experiencia corpórea. Es decir, su punto de partida son los sentidos humanos, los que percibe la mente por medio del cuerpo. Ejemplo: Las babas del diablo de Cortázar, trata de un texto con un alto contenido auditivo; los caligramas, son palabras utilizadas como trazos que refieren significados en el plano visual y lingüístico. Es la mente entonces la que analiza por medio de su experiencia visual y la textual para mezclarlo todo y conceptualizarlo, entenderlo.

Las fronteras se borran. Es decir, las condiciones irreales de la ficción, así como de muchos otros fenómenos que logramos comprender, llegan a ser comprensibles, a pesar de lo irreal de sus postulados. Esto es porque poseemos la facultad, presente en cualquier ámbito del pensamiento, de hacer conexiones entre conceptos de diferente índole, y crear/entender significados/conceptos nuevos.

Una novela, un cuento, un poema... es un cuerpo humano hablando por medio de conceptualizaciones, vertido en el texto, más o menos inclinado a la exaltación de un sentido, o varios sentidos, o todos los sentidos -o la ausencia de sentidos-. Como destinatarios escuchamos, vemos, olemos, tocamos, percibimos temperatura, nos sorprendemos reconociendo las vísceras, las extremidades, el peso, los problemas, los dolores, el padecer de otras conciencias/de otros cuerpos. A veces trascendiendo las fronteras de los sexos o los mismos cuerpos humanos. Literatura es una manipulación de la percepción.

No existen los contrarios, digamos que los contrarios existen en función de arrojarlo/comprenderlo todo al mismo foco de atención, porque hasta los conceptos más contrarios se necesitan (de modo mutuo) para entender una percepción posible que se transmite. No se niegan, se construyen de forma equilibrada y simultánea. Muchas veces una palabra, cuando se aísla, pierde su sentido, en cambio es plena cuando es parte del sistema. Una palabra tan simple como página, no puede ser entendida sin los demás elementos del sistema al que pertenece, nos falta tener los conceptos papel, libro, palabras, tinta, impresión... A esto pueden sumarse más detalles, como a qué libro pertenece esta página, de quién es el libro, a quién pertenece físicamente, qué relación tengo yo con él, ¿es una novela/cuento/enciclopedia...? Son cosas que obviamos porque nuestra mente realiza operaciones instantáneas, pero el sistema está ahí, donde los conceptos se construyen los unos a los otros.

Y el otro cuerpo, el que lee, establece también su mundo, sus posibilidades, y las mezclas que se producen por la experiencia. Este cuerpo humano, con el que percibimos, el cuerpo que lee con sus ojos un texto literario, no se explica por si mismo, solo es posible entenderse en conjunto de sus sistemas de mundos/realidades de sistemas/signos/conceptos posibles.


Se puede entonces probar o experimentar todo con nuestro entendimiento, mediante la literatura, la ficción,  o mediante los diferentes modos de expresión artística: estar muerto y vivir en los recuerdos, hacer viajes al principio de la existencia, romper con la realidad y volverse loco; en fin, se pueden incluso experimentar estas realidades dudando de ellas, siendo escéptico, rompiendo con el acuerdo tácito. Pero es la experiencia y la mente que activa todos esos mecanismos, de ahí se desprenden las metáforas, o las mixturas... y los conceptos están ahí; de todo ello hacemos un uso indiscriminado, y construimos una realidad, la propia, a veces sin darnos cuenta.

No hay comentarios:

Publicar un comentario