Reflexión
Pedro Alejandro Martínez Pacheco
La literatura,
como otros fenómenos donde somos vertidos de algún modo nosotros mismos,
constituye una gran cantidad de proposiciones de realidades diversas, de mundos
posibles y sus significados. Se apela a la experiencia de nuestro cuerpo, a las
mezclas -como se ha mencionado antes-.
En específico a las mezclas que surgen de nuestra capacidad de tomar
relaciones aparentemente imposibles y amalgamarlas, para entenderlas contra
todo pronóstico. Ahí es donde se borran también las fronteras.
Dicho
de una manera más clara, nos vertimos en un texto porque este es una proyección
de nuestra experiencia corpórea. Es decir, su punto de partida son los sentidos
humanos, los que percibe la mente por medio del cuerpo. Ejemplo: Las babas
del diablo de Cortázar, trata de un texto con un alto contenido auditivo;
los caligramas, son palabras utilizadas como trazos que refieren significados
en el plano visual y lingüístico. Es la mente entonces la que analiza por medio
de su experiencia visual y la textual para mezclarlo todo y conceptualizarlo,
entenderlo.
Las
fronteras se borran. Es decir, las condiciones irreales de la ficción, así como
de muchos otros fenómenos que logramos comprender, llegan a ser comprensibles,
a pesar de lo irreal de sus postulados. Esto es porque poseemos la facultad,
presente en cualquier ámbito del pensamiento, de hacer conexiones entre
conceptos de diferente índole, y crear/entender significados/conceptos nuevos.
Una novela, un
cuento, un poema... es un cuerpo humano hablando por medio de
conceptualizaciones, vertido en el texto, más o menos inclinado a la exaltación
de un sentido, o varios sentidos, o todos los sentidos -o la ausencia de
sentidos-. Como destinatarios escuchamos, vemos, olemos, tocamos, percibimos
temperatura, nos sorprendemos reconociendo las vísceras, las extremidades, el
peso, los problemas, los dolores, el padecer de otras conciencias/de otros
cuerpos. A veces trascendiendo las fronteras de los sexos o los mismos cuerpos
humanos. Literatura es una manipulación de la percepción.
No existen los
contrarios, digamos que los contrarios existen en
función de arrojarlo/comprenderlo todo al mismo foco de atención, porque
hasta los conceptos más contrarios se necesitan (de modo mutuo) para entender
una percepción posible que se transmite. No se niegan, se construyen de forma equilibrada y simultánea.
Muchas veces una palabra, cuando se aísla, pierde su sentido, en cambio es
plena cuando es parte del sistema. Una palabra tan simple como página,
no puede ser entendida sin los demás elementos del sistema al que pertenece,
nos falta tener los conceptos papel, libro, palabras, tinta, impresión...
A esto pueden sumarse más detalles, como a qué libro pertenece esta página,
de quién es el libro, a quién pertenece físicamente, qué relación tengo
yo con él, ¿es una novela/cuento/enciclopedia...? Son cosas que obviamos porque
nuestra mente realiza operaciones instantáneas, pero el sistema está ahí, donde
los conceptos se construyen los unos a los otros.
Y el otro cuerpo,
el que lee, establece también su mundo, sus posibilidades, y las mezclas que se
producen por la experiencia. Este cuerpo humano, con
el que percibimos, el cuerpo que lee con sus ojos un texto literario, no
se explica por si mismo, solo es posible entenderse en conjunto de sus sistemas
de mundos/realidades de sistemas/signos/conceptos posibles.
Se puede entonces
probar o experimentar todo con nuestro entendimiento, mediante la literatura,
la ficción, o mediante los diferentes
modos de expresión artística: estar muerto y vivir en los recuerdos, hacer
viajes al principio de la existencia, romper con la realidad y volverse loco;
en fin, se pueden incluso experimentar estas realidades dudando de ellas,
siendo escéptico, rompiendo con el acuerdo tácito. Pero es la
experiencia y la mente que activa todos esos mecanismos, de ahí se desprenden
las metáforas, o las mixturas... y los conceptos están ahí; de todo ello
hacemos un uso indiscriminado, y construimos una realidad, la propia, a veces
sin darnos cuenta.
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