jueves, 24 de abril de 2014

GLADIADORES PERDIDOS EN LA NIEBLA. MONÓLOGO DE Enrique Castillo.


Jared Torres


Enrique Castillo nació en 1971 en Necaxa, Puebla. Es alumno de la escuela de escritores de la Sogem. Ha sido coguionista en tres ejercicios del Centro Universitario de Estudios Cinematográficos: Insólitas imágenes de aurora, Corazones de terciopelo y Virgen de medianoche. Una obra suya, Huellas de un Dios menor, fue incluida en la antología Los ritos de la piel y el olvido (Núcleo de Estudios Teatrales).

La obra presenta a un niño de doce años llamado Edgar. Él sufrió abuso y quedó perturbado. Sus muñecos son sus únicos compañeros, ya que su madre parece estar desatendida de él. Su mundo parece haberse estancado en el tiempo, recordando los momentos que pasaba al lado Tony, el que parece haber sido su amigo realmente, y el incidente con Yuri, quien abusó de él. Edgar pasa de momentos de alegría a momentos de nostalgia, y de ahí, a momentos de coraje. Todo lo recuerda al contárselo a sus muñecos. Así pasa el tiempo, recordando la voz de Tony y las tardes con él en el cine, cuando todo esto se interrumpe por el recuerdo de Yuri; él no quería que pasara lo que pasó, él quiere que Tony le diga que todo ha sido una película y que puede volver a la escuela.

Sus ataques de ira se ven interrumpidos por su mamá que se conforma con preguntarle si se encuentra verdaderamente bien y si ha tomado sus pastillas a lo que Edgar contesta muy coherente y convincentemente que sí.

Edgar ha construido un mundo donde se aferra a sus recuerdos y a la cálida figura de Tony que representa para él una verdadera amistad. Su vida parece sólo suceder en sus sueños, donde él tiene el control de la situación y ocurre una vida donde él se siente libre y feliz.
          
  La obra pretende representar el mundo a través de los ojos de una persona, en particular de un niño, que ha sufrido un abuso en su vida y el impacto que tiene en su condición como individuo social y las relaciones personales.


            El mundo en el que vive Edgar lo ha obligado a aparentar calma ante los demás. El autor retrata esta actitud de la sociedad actual en la respuesta tranquilizadora que le da Edgar a su madre. Es frecuente que hoy en día nuestras actitudes ante los demás no revelen nada o casi nada de nuestro estado emocional real, ya que se opta por mostrar una apariencia calmada. También en la obra se ve reflejada la añoranza que se tiene actualmente a las relaciones personales de calidad. Otros aspectos que se muestran son la vulnerabilidad al abuso, los monólogos internos de reflexión y recuerdo que realizamos, el aislamiento social después de un trauma y el rechazo al mundo real.

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