viernes, 4 de abril de 2014

LA FILOSOFÍA Y LA LITERATURA.


Jared Torres


Así como muchos ya lo han hecho, habría que preguntarse si la literatura y la filosofía sirven para algo. Pareciera que en nuestro tiempo dedicarse a ser filósofo o literato es una actividad exclusiva para un grupo selecto de personas, como si fueran actividades cargadas de contenido al que sólo personas con ciertos privilegios pueden acceder. Esto puede ser fomentado por muchos motivos, pero me gustaría mencionar dos. Pocas personas se dedican a estas profesiones debido a que siempre sale la duda de si será suficiente la remuneración económica que se tendrá de ellas, y no es que sólo busquen el dinero que les dará; sino que a cualquiera de nosotros nos gustaría o preferimos obtener una remuneración económica del trabajo que nos gusta hacer para sustentar nuestras vidas. El segundo motivo, que lo he visto mientras me encuentro estudiando letras, es que la mayoría de las personas que se encuentran estudiando tanto filosofía como letras no adquieren ningún compromiso social; es decir, los estudios de dichas carreras nos brindan mucha información y conocimientos que posiblemente sería difícil adquirir de no cursar las carreras, sin embargo pareciera que solamente se pretende acumular conocimientos para beneficio propio.

No es raro escuchar a los alumnos diciendo que el motivo por el que entraron a estudiar las carreras mencionadas es para poder ampliar los conocimientos de la realidad y poder entenderla, como si sólo se tratara de una pretensión intelectual que se desea satisfacer. La literatura y la filosofía, en realidad, sirven para mucho más que registrar en la memoria datos, autores e historias. La verdadera utilidad de ellas radica en la práctica del compromiso social que se adquiere.

La filosofía es la reflexión más grande sobre la interacción del hombre y su realidad, por lo que cursar una carrera de tal índole y el registro de los datos aprendidos en esos estudios deberían de ser las herramientas principales para comprender el contexto en el que estamos involucrados y mejorarlo. No se trata de sólo hacer reflexiones internas sino también de proponer acciones que transformen la realidad; y no imagino personas más capaces de hacerlo que justamente los filósofos, quienes se han instruido en el pensamiento de grandes hombres de todos los tiempos.

Algo muy parecido ocurre con la literatura, la mayoría de quienes deciden dedicarse al estudio de ella se consideran a sí mismos como personas privilegiadas por haber adquirido el gusto por la lectura. Muchos se olvidan de que lo importante es el contenido y no el papel, sobrevaluan los libros y por ello se ve una gran concurrencia a las ferias de libros; muchas veces sin considerar la existencias de las bibliotecas, librerías de libros usados, los textos compartidos en internet e incluso de otras formas de literatura que aún se conservan en la tradición oral. Pareciera que este grupo de personas guarda recelosamente el contenido de la literatura y se admiran burlescamente de aquellas personas “no cultas” que no conocen el nombre de algún autor famoso. Si bien existen personas que noblemente se dedican al fomento de la lectura, también hay algunos de ellos que olvidan que leer no es interpretar palabras escritas por sus sonidos y el mejor lector no es aquel que devora cientos de libros al año. El compromiso del literato con la sociedad es, primero aprender y después, enseñar a leer y poder establecer relaciones entre el texto y el contexto en que se vive, es mirar nuestra realidad y poder identificar elementos que gracias a la lectura ahora podemos reconocer en nuestra vida, es ampliar o cambiar la perspectiva desde la que miramos el mundo, y con todo lo anterior proceder a las acciones para transformar y mejorar nuestro mundo, y en consecuencia nuestra vida y la de los demás.


La filosofía y la literatura sí tienen utilidad; pueden cambiar el mundo, tan sólo hace falta que no sean vistas como actividades intelectuales sino como herramientas para iniciar una práctica social para transformar la realidad y mejorarla.

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